Desvestir la apropiación:
La moda comercial y el arte Wixárika
Alberto Catalán y la moda como despojo
Desvestir la apropiación:
La moda comercial y el arte Wixárika
Alberto Catalán y la moda como despojo
CONSEJO DEL PATRIMONIO CULTURAL ORIGINARIO
10 de julio de 2026 | Patrimonio Cultural | Derechos de los Pueblos Originarios | Justicia Cultural | Moda
La apropiación cultural en el diseño de modas es un problema estructural. Existe un patrón global en el que la industria de la moda se apropia de símbolos indígenas para vender "exotismo" y "autenticidad", mientras los pueblos originarios siguen siendo invisibilizados. Marcas internacionales como Carolina Herrera, Isabel Marant, Zara, Anthropologie y otras han recibido cartas y señalamientos de la Secretaría de Cultura mexicana por casos similares con textiles otomíes, mixes, mixtecos y zapotecos. En todos esos casos se repite la misma lógica: el reconocimiento simbólico sin justicia social. Estos casos han hecho eco al tratarse de personas o empresas de otros países, pero la apropiación indebida por connacionales parece ser que no solo pasa desapercibida por las autoridades de cultura sino que es avalada y aplaudida por ellas.
Las pasarelas de Nayarit, por ejemplo, se han vestido de colores vibrantes, chaquira y simbolismo ancestral. El diseñador Alberto Catalán, originario de San Blas, Nayarit, ha presentado colecciones que —según sus propias palabras— "honran y visibilizan" la cultura Wixárika. Sus desfiles incluyen atuendos inspirados en la iconografía sagrada de este pueblo, con una resignificación que él define como "creativa": sombreros y venados en mujeres, trajes masculinos en cuerpos femeninos y símbolos que, para los Wixaritaari, tienen un profundo significado espiritual.
Pero hay un problema fundamental en principio: Alberto Catalán no es Wixárika. Y aunque los derechos culturales de los pueblos originarios tienen larga data, en México existe desde 2022 una ley que es explícita al respecto: el patrimonio cultural de los pueblos indígenas no es de dominio público. Su uso, aprovechamiento y modificación requieren el consentimiento expreso de las autoridades comunitarias.
Después de haber recibido múltiples quejas por parte de autoridades tradicionales y miembros del pueblo Wixárika por considerar que el uso que este "diseñador" da a los elementos culturales es ofensivo, este Consejo envió un comunicado formal al Sr. Catalán indicándole algo que debía saber con anticipacion: no puede utilizar los elementos culturales sin autorización del pueblo Wixárika; acto seguido, ignoró nuestro comunicado y emitió una respuesta que nos permite ilustrar en este espacio un ejemplo más de apropiación cultural indebida. Donde el Sr. Catalán ve color y belleza, hay un código sagrado. Al ser ajeno a la cultura en su diario vivir y no hablar la lengua wixárika, no puede distinguir la delgada línea entre la inspiración y el extractivismo.
El experimento que desnuda una falsa autoría
Uno de los casos recientes del uso que el Sr. Catalán ha dado a los elementos de la cultura Wixárika es el traje con el que se compitió en la categoría de "Traje Típico o Estilizado" en un prestigioso certamen internacional de belleza masculina. La pieza obtuvo un destacado reconocimiento. Sin embargo, detrás de los aplausos internacionales se oculta una realidad incómoda: ese galardón se construyó usurpando la fe y la propiedad intelectual colectiva de una comunidad que jamás dio su consentimiento.
Desde este Consejo, y con ayuda de la inteligencia artificial, realizamos un análisis visual de la pieza central del certamen. La pregunta es simple pero contundente: ¿qué queda del "diseño de Alberto Catalán" si se le retira todo aquello que pertenece al patrimonio colectivo Wixárika?
Al eliminar las representaciones del venado azul (referencia al hikuri-peyote), el sombrero ceremonial con sus colgantes rituales de chaquira y plumas sagradas, los bordados ancestrales, la joyería de chaquira en pectorales y cuello, y los símbolos de Tsik+ri (ojo de dios), el resultado fue un lienzo vacío: un pantalón blanco liso, un paño azul y una capa de terciopelo básica.
Traje CON arte Wixárika "diseñado" por Alberto Catalán.
Traje SIN arte Wixárika (modificado con inteligencia artificial)
El análisis concluyó que el 70% del valor, la narrativa y la belleza de esa indumentaria pertenecen al patrimonio del pueblo Wixárika. El señor Catalán únicamente aportó el 30% correspondiente a la estructura del lienzo, la incorporación del arte wixárika y la teatralidad de la pasarela. Si esto es así, ¿quiénes son realmente los y las diseñadoras?, ¿Es correcto atribuirse el diseñar algo que ya fue diseñado hace cientos o miles de años? Si esta persona lo que ha realizado es una composición, no se trata de un diseñador propiamente, sino probablemente de un director creativo.
Los señalamientos de la comunidad Wixárika son contundentes:
• Uso de iconografía sagrada, técnicas y lengua Wixárika sin permiso de las autoridades tradicionales, distorsionando su significado original: colocar símbolos masculinos en mujeres o modificar diseños ceremoniales antojadizamente, frivolizando así la cultura, lo cual es visto por los pueblos como una falta de respeto, además de deformar la real narrativa de nuestra cultura ante los públicos a los que ha alcanzado.
• Lucro directo con la cultura Wixárika al comercializar estos "diseños" sin evidencia de retribución justa ni control comunitario sobre los beneficios.
• Invisibilización de los y las artesanas: aunque el diseñador dice "apoyar" a artesanos Wixaritaari, ninguno/a figura como autor o diseñador de las piezas que presenta. La firma siempre es "Alberto Catalán".
El caso de Alberto Catalán no es una cuestión de "opiniones encontradas". La Ley Federal de Protección del Patrimonio Cultural de los Pueblos y Comunidades Indígenas y Afromexicanas (2022) reconoce que el patrimonio cultural no es de propiedad individual ni de dominio público: es propiedad intelectual colectiva de los pueblos. Cualquier uso, aprovechamiento o modificación requiere el consentimiento expreso de las autoridades comunitarias, no solo la aprobación de algunos individuos.
En el caso que nos ocupa: no hay evidencia de que Catalán haya solicitado autorización a las autoridades tradicionales wixaritaari, ni de que haya existido proceso alguno de consulta previa, libre e informada. El hecho de contratar artesanos wixaritaari no equivale a un consentimiento para usar, modificar y comercializar su cultura.
Además, la ley protege no solo los objetos físicos, sino también la parte intangible de la cosmovisión. Modificar los símbolos sin respetar su significado espiritual —como colocar venados y sombreros ceremoniales (de uso masculino) en mujeres— no es "innovación": es una imposición de una lógica externa sobre una cultura que no pidió ser "modernizada". Hay símbolos que, por el simple hecho de que los pueblos así lo dispongan, no se tocan.
Este caso reviste una gravedad mayor debido a que el señor Alberto Catalán al haber sido formalmente notificado por este Consejo de que al no contar con el Consentimiento Libre, Previo e Informado (CLPI) de las autoridades tradicionales wixaritari debía abstenerse de realizar eventos de moda o comercialización que incluyeran estos elementos identitarios y al decidir ignorar conscientemente ese aviso, ha entrado de lleno en el terreno del delito federal.
Ante estos señalamientos, la defensa de Catalán ha consistido en argumentar que “la chaquira es de uso libre”, que tiene "raíces indígenas", que su intención nunca fue "apropiarse ni lucrar indebidamente", y que los recursos generados cubren gastos de producción. También llegó a acusar a sus críticos —personas originarias del pueblo Wixárika— de actuar desde "la envidia o el coraje".
Al ser esta la respuesta que el Sr. Catalán dio cuando se le solicitó de la manera más atenta que dejara de utilizar lo que no es suyo o que pidiera autorización de uso ateniéndose a las condiciones que el pueblo Wixárika estableciera (tal como lo estipula la ley), aprovechamos esos argumentos para informar al público y desmontar una por una las justificaciones recurrentes del señor Catalán:
"La chaquira es un elemento universal": Las cuentas de vidrio industriales no tienen dueño, pero la iconografía sagrada, las técnicas artísticas, así como la lengua materna de los pueblos pertenecen al patrimonio cultural colectivo y sí están protegidas. Usar la representación del Venado Azul y decir que "la chaquira es universal" equivale a plagiar una canción protegida argumentando que "las notas musicales son de todos".
"Tener raíces indígenas Na’ayeri (Cora) me legitima": Los pueblos Na’ayeri y Wixárika son naciones originarias distintas, independientes y soberanas. Tener ascendencia Na’ayeri no otorga ningún "cheque en blanco" para explotar la fe y la iconografía Wixárika. Al no vivir en comunidad, no hablar la lengua wixárika ni participar en el sistema de cargos tradicionales, Catalán opera legalmente como un tercero ajeno. Aún si hubiera aprendido la lengua y a trabajar el arte de este pueblo, no puede convertirse en Wixárika. Incluso si fuera Wixárika, ningún individuo tiene derecho a lucrar de forma privada, como llamarse diseñador del patrimonio que pertenece a toda una nación originaria.
"Quieren frenar el talento y la creatividad": Los sueños de superación son válidos, pero no pueden florecer pisoteando los derechos de comunidades que han defendido históricamente este patrimonio frente al despojo. La libertad creativa termina donde empieza la propiedad intelectual colectiva. El rápido reconocimiento del Sr. Catalán en poco más de cinco años que lo ha llevado a eventos internacionales asombra a sus interlocutores en entrevistas televisadas, sin embargo, a nosotros no nos sorprende porque el arte Wixárika con los símbolos que él incorpora en sus prendas tiene mucho más tiempo que eso de existir y de ser reconocido mundialmente, él no los creó y mucho menos los dio a conocer a nivel global. Si esa supuesta creatividad limita el éxito del diseñador a explotar algo que ya ha sido creado hace mucho tiempo como lo es el patrimonio cultural de un pueblo -y hacerlo sin autorización ni reconocimiento-, entonces algo anda mal, pues sabemos de sobra que la creatividad no tiene límites.
El Sr. Catalán también nos cuenta una historia de vida marcada por la discriminación y el racismo hacia su persona por sus orígenes, como si eso fuera una historia desconocida y ajena a los pueblos originarios de México; en realidad esa es la regla y no la excepción y la viven quienes se mudan a las ciudades, pero especialmente quienes viven su cultura en los lugares más alejados de los centros urbanos, sin servicios básicos ni oportunidades de desarrollo.
Existe además una contradicción profunda: cuando una persona con privilegio social utiliza una indumentaria o usa un diseño de pueblos originarios, se interpreta como un gesto de aprecio, de homenaje. Sin embargo, esa misma indumentaria, usada por un hombre o una mujer originaria, muchas veces refuerza su marginación. Mientras lo “indígena” se romantiza y convierte en tendencia, los pueblos originarios enfrentan discriminación, pobreza y despojo territorial.
Para un espectador externo, un desfile con "inspiración Wixárika" puede parecer un homenaje inofensivo y hasta motivo de orgullo; y es normal que siempre haya alguna persona Wixárika que defienda estas acciones y argumente sentirse también orgulloso de que su cultura sea tomada en cuenta. Sin embargo, esto jamás equivale a un consentimiento colectivo, que es lo que exige la ley. Para los Wixaritaari, como colectivo, el daño es real y profundo:
El arte Wixárika no es simple decoración: es lenguaje ritual. Cada símbolo, cada color, cada disposición de chaquira tiene un significado específico vinculado a la cosmovisión, las energías ancestrales y las ceremonias. Cuando un diseñador toma esos símbolos y los modifica para que "luzcan bien" en una modelo, los vacía de su significado. Lo sagrado se vuelve accesorio. ¿Cómo se sentiría una persona católica si viera en un desfile de moda una imagen de la virgen de Guadalupe siendo utilizada de forma banal e irrespetuosa? ¿justificaría ese uso por ser parte de las tendencias de moda? o ¿se sentiría indignado por la profanación de lo que para esa persona es sagrado?, este último es el sentir de los pueblos originarios al ser utilizados de forma irrespetuosa y fuera del contexto ritual sus elementos culturales sin su consentimiento.
Detrás de cada diseño hay generaciones de conocimiento y horas de trabajo de artesanos wixaritari. Cuando Catalán presenta una colección como "suya", el crédito va para él; las personas artesanas son anónimas y aparecen como "mano de obra", no como creadoras y, como hemos podido observar, es el patrimonio cultural Wixárika el que aporta un mayor valor en esas obras. En este caso se trataría de una colaboración, no de un diseño propio, pero sin autorización y el reconocimiento del colaborador principal: el pueblo Wixárika.
En el contexto de los concursos de belleza, esta problemática se agrava debido a la naturaleza misma de estos certámenes, que suelen priorizar el espectáculo y la estética superficial. Existe una tendencia a "folclorizar" la cultura, es decir, a reducirla a una serie de elementos visuales pintorescos y exóticos que sirven como entretenimiento, ocultando la realidad y las luchas de los pueblos originarios.
Este enfoque puede resultar en la distorsión de la cultura, ya que se toman elementos sagrados o de gran significado comunitario y se utilizan como meros adornos para realzar la imagen de las concursantes, sin entender su valor espiritual o político. La crítica surge cuando se acusa a estos certámenes de ser una "vitrina" que aparenta respetar la diversidad, pero que en la práctica ignora las demandas estructurales de los pueblos, como el acceso a la salud, la educación en su idioma o la representación política efectiva.
En el largo debate de cómo la industria de la moda utiliza los diseños, conocimientos y técnicas de los pueblos originarios sin una justa retribución, uno de los ejemplo recientes que lo ilustran es el caso de las expresiones racistas de algunos de sus expositores, como lo son la diseñadora peruana Anís Samanez y el editor de la revista Vogue en México, José Forteza, quienes en el evento “Orígenes 2024” manifestaron expresiones de desprecio, discriminación y racismo hacia la cultura Shipibo-Konibo que habita la amazonía peruana, al considerar que “la cultura es de todos”, afirmar que “si no fuera por los diseñadores, los pueblos se morirían de hambre junto con los ancestros” e indignarse porque los pueblos no entreguen sus conocimientos de forma gratuita.
Más allá de las pasarelas de Alberto Catalán, muchos son los casos que ilustran este desconocimiento de la industria de la moda sobre los derechos de los pueblos originarios. Para ilustrar esta problemática compartimos algunos ejemplos cercanos a nuestro territorio:
· Los voladores de Papantla y Miss México: en 2022 la representante Laysha Salazar vistió un vestuario elaborado por el diseñador Esteban Ortiz, “inspirado” en la danza de los voladores de Papantla. Ya antes lo había hecho una participante del reallity show “La Más Draga” durante el reto “La más folclórica”. El Consejo de Protección y Preservación de la Ceremonia Ritual de Voladores, así como el comunicador social Aldahir Jiménez, denunciaron el uso inapropiado, distorsionado y no autorizado de los elementos culturales del pueblo Tutunaku.
· Nayla Downs en la Ciudad de las Artes Indígenas: en abril de 2026, Nayla Downs, de origen nayarita y participante del mismo show “La Más Draga” realizó un performance en la Ciudad de las Artes Indígenas de Nayarit con elementos de la cultura Wixárika, acompañada por el ballet Mexcaltitán, el cual ya ha sido señalado anteriormente por autoridades originarias de viajar como embajadores culturales vistiendo la indumentaria Wixárika y de los otros pueblos originarios, sin consentimiento ni información de las autoridades tradicionales. En este performance, quienes se supone que representan al pueblo Wixárika parecen rendir pleitesía a la figura de Nayla Downs. Aunque los organizadores quisieran transmitir una creación artística, lo que consideran homenaje respetuoso, para los pueblos genera un sentir de impotencia porque nunca se les preguntó ni consulto si eso era respetuoso y valioso para su cultura. Siempre prevalece el criterio unilateral de quienes interpretan a su antojo la cultura de otros.
· Arturo Novoa en Teen Universe Internacional: diseñador jalisciense que en la misma línea que Alberto Catalán se ha dado a conocer como diseñador de vestidos típicos en certámenes de belleza, catrinas en día de muertos, todos “inspirados” en las culturas originarias de la Sierra Madre Occidental. El diseñador indica que en algunas piezas hace “colaboración” con personas que se autonombran con identidad Wixárika, sin tenerla en realidad. De todas formas, tenemos que reiterar que una colaboración privada no implica consentimiento colectivo.
· Mujeres O’dam (tepehuanas) en París: en 2024 se presentó en la semana de la moda en París una colección denominada “Mujeres tepehuanas en París” a cargo del diseñador duranguense Eduardo Estrada, con el respaldo del gobierno mexicano, principalmente del sector turístico. En ella se modificó la indumentaria de este pueblo originario, sin consentimiento y folclorizando su cultura, además de utilizar elementos del pueblo Wixárika y Na’ayeri.
· Fher Santos: Ha elaborado vestidos para ser presentados en Miss Universe y los premios Ariel, en colaboración con la marca Niuwameart, de quien desconocemos si la propietaria es originaria del pueblo Wixárika o intermediaria, lo cierto es que tampoco hay evidencia de autorización por parte del pueblo Wixárika.
Alberto Catalán tiene mucha tarea pendiente. El diseño de modas no sólo es un tema de creatividad, lo es también de ética, antropología, sostenibilidad, legalidad, especialmente cuando se violan derechos colectivos reconocidos por la ley. La cultura Wixárika no es un disfraz, no es una tendencia, no es un recurso gratuito para que diseñadores ajenos a ella "resignifiquen" a su antojo. Es el patrimonio vivo de un pueblo que ha resistido siglos de colonización y despojo.
La moda mexicana no puede seguir nutriéndose del extractivismo cultural disfrazado de homenaje. Si un diseñador quiere trabajar con la grandeza de nuestros pueblos originarios, debe hacerlo desde el respeto horizontal, la co-creación firmada en asamblea y el pago justo.
Nuestro discurso no es de odio ni confrontación, tampoco se trata de cancelar el uso de nuestros elementos culturales, es una lucha legítima y en el marco de la ley que busca revertir el despojo de nuestro patrimonio cultural. Creemos que se puede diseñar sin despojar. Se puede innovar sin violentar. Pero eso requiere algo que el actual modelo de la moda no está dispuesto a dar: escuchar a los pueblos, pedir permiso y compartir el poder y los beneficios.
¡Por la salvaguarda de los rastros de nuestros rostros!
¡El patrimonio cultural colectivo no es una tendencia de temporada, es la identidad viva de nuestros pueblos!
© Consejo del Patrimonio Cultural Originario | copaco.mx@gmail.com